Así se vive la pandemia en la primera línea de salud

Debería ser la última línea de defensa, sin embargo debido a las malas decisiones, la indolencia y la ambición económica de un gobierno nefasto, las unidades de cuidades intensivos se transformaron en el epicentro de la lucha contra el Covid-19. El doctor Juan Espinoza «Cardiojuanes» nos entrega este dramático relato en primera persona, la cronología de una pandemia que aunque esperada, ha sido pésimamente manejada.

Por Juan A. Espinoza Huircalaf «Cardiojuanes».

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PANDEMIA 05:20 Horas. ¿Qué hago aquí? ¡Quién me manda por la mierda!
Quizá mis colegas tenían razón y uno ya no está para estas lides.
Salgo de la UCI, aviso que voy a fumar (no fumo), camino un largo pasillo y la angustia del momento me obliga a detenerme y apoyar mi espalda contra la pared. Tengo ganas de gritar, pero miro la hora y no parece un buen momento. Además, reparo en que hay funcionarios durmiendo de mala manera en sillones de la sala de espera. La contingencia obliga a eso y más. Se comprende que soy un médico viejo, que he sido jefe de UCI en algún momento y jefe de equipo de cirugía en otro, o sea, soy (o debería ser) un tipo experimentado. ¿Qué pasó entonces? Empecemos por el principio.

Cuando se supo en el ámbito médico por allá por diciembre de una epidemia en China, en la región de Wuhan, (y no Yahoo como alguien dijo), muchos nos preguntamos si era lo que estábamos esperando hace años. A los epidemiólogos e infectólogos siempre nos alertaron de la inminencia de una pandemia en el siglo XXI. Para las bacterias hay antibióticos, para los virus conocidos, antivirales. ¿Pero y si aparece un virus nuevo? En la historia han habido varias pandemias famosas, como la peste negra o bubónica por allá por el siglo VI y, más recientemente, la gripe española en 1918, que acabó con la vida de más de 50 millones de habitantes. Después vinieron otras como la pandemia de Hong Kong en los 60´, la gripe H1N1 a principios de este siglo y bueno la más famosa de todas, el VIH que nos acompaña desde los 80´ hasta ahora y que, gracias a la medicina, pasó de ser una enfermedad 100% mortal, a una enfermedad crónica. 

Basta de historia

Los “antecedentes penales” del coronavirus eran malos, sus parientes SARS y MERS, que provocaron brotes en el 2002 y 2012 respectivamente, fueron empidémicos (casos limitados a una región precisa), de una mortalidad elevadísima (casi 40%) y sin tratamiento específico, pero muy poco contagiosos, por suerte. Al no tener un tratamiento específico o vacuna, los médicos no podíamos esperar nada bueno. Las cifras de Europa y USA resultaron alarmantes, entonces había que prepararse para lo peor, dado que nuestros recursos son menores (aun cuando algún hiperventilado diga lo contrario) y, además, nos iba a atacar en invierno, a diferencia del hemisferio norte. Sabíamos que rápidamente se transformaría en una pandemia dada la conectividad global, o sea, lo que a la gripe española tomó meses, para pasar de un continente a otro, ahora tomaría días.

¿Qué pasó entonces? A nivel gubernamental se planificó una estrategia hospital céntrica, que significa, reconvertir camas, instalar hospitales de campaña, convertir todos los hospitales del país en una  “LARGA Y ANGOSTA FAJA DE UCIS”  Y así empezó la historia de los ventiladores mecánicos. Detalle no menor es ¿quién se iba a hacer cargo de los ventiladores? O mejor dicho ¿de estos pacientes hipercríticos?

TENER UN AUTO DE FÓRMULA 1, NO TE ASEGURA SER CAMPEÓN DE FÓRMULA 1…

Se planteó en los hospitales, quiénes iban a atender a estos pacientes y quiénes, por edad o enfermedades crónicas, deberían mantenerse en sus casas y bueno, pasados los 50 tu salud empieza a darte malos ratos como a toda persona (nota: los médicos también podemos enfermar), por consiguiente, no todo el equipo médico, estaba en condiciones de trabajar. La idea era colaborar de cualquier forma para enfrentar esta pandemia. Hasta que un día todo se volvió COVID 19. No más camas de cardiología, pediatría, gastroenterología, etc. Todo cambió y se transformó en una gran UCI.

Debo agregar, para que se entienda, que conocí los hospitales públicos de niño, con mi familia, como paciente y no solo como estudiante de medicina, lo cual me brinda una perspectiva distinta a la de muchos colegas. De propio tuvimos la idea de aportar en otros centros públicos, otras UCI, otros hospitales. Y así es que un día sin querer (queriendo), me encontré en una UCI pediátrica, reconvertida a casos adultos, con un equipo de pediatría que se partía el lomo trabajando y a quienes serviría, la mano de un médico de adultos como yo. 

Revisamos todos los 12 pacientes a nuestro cargo a primera hora y resultaba impactante el grado de daño físico, provocado por la enfermedad. En el transcurso del turno de 24 horas, hicimos lo posible por mejorar su condición, de hacer algo, de buscar alguna estrategia ventilatoria o farmacológica, algo que les diera chance de salir bien. No obstante, todo el esfuerzo, fallecieron dos pacientes y, sin ser frío, ya hemos visto eso antes, pero en este caso, esos pacientes se sumaban a los fallecidos de las demás UCI, incluyendo los pabellones de cirugía. Dado esto avisamos a las familias tratando de brindarles todo el apoyo posible, mientras algunas enfermeras y TENS lloraban en silencio. Demoramos horas en lograr sacar los cuerpos, pues la morgue estaba llena.

Solo entonces sopesé qué hacía ahí. Me vi acostado en cada cama. Conectado a cada ventilador. Sentí los tubos endotraqueales, sueros y diálisis de todos los pacientes. Mas aun, varios eran tanto o más mapuches que yo. Unos muriendo lentamente, otros mejorando de igual forma y otro grupo que no sabes adónde va. Me sentí cada uno, sentí que moría lejos de mi familia, sentí que luchaba solo contra una muerte invisible. Me quedé en silencio. Salí de la UCI.
¿No podíamos evitar esas muertes? No pues peñi, si no hay tratamiento específico para el COVID. De acuerdo. OK. (Perdón, Feley) ¿Y si no hay tratamiento específico, no hubiese sido mejor EVITAR LOS CONTAGIOS?
Sabíamos que el covid es muy infectocontagioso. Nos avisaron. Los reportes científicos (New England Journal of Medicine), demostraron, además, que la mortalidad asociada a la necesidad de un ventilador mecánico en COVID era mayor al 40% y en Europa, peor aún. ¿Entonces los ventiladores eran necesarios? Si. Obvio.

LOS VENTILADORES MECÁNICOS, NO DEBIERON SER LA PRIMERA LÍNEA, SI NO LA ÚLTIMA…

Visto así, la prevención por parte de la atención primaria de salud, fundamental en el seguimiento de casos, trazabilidad y aislamiento de cohortes, nunca existió. Llámese la búsqueda de “inmunidad de rebaño” o como sea, pareciera ser la consecuencia de la incapacidad de organizar la atención primaria de salud, o definitivamente se pensó que estábamos mejor preparados que Europa para enfrentar la pandemia. Hasta tuvimos un CARNÉ COVID para certificar una inmunidad, que aún nadie entendía ni entiende.

A la postre tenemos una de las tasas de contagio por millón de habitantes, más altas del mundo, con más de 10.000 muertos a la fecha(cifras que varían según el registro civil, DEIS, OMS, etc. Pero sobre el manejo de las cifras mejor ni hablar)Todo esto hace que los hospitales y sus equipos de UCI se hayan visto obligados a ser la primera línea de batalla, en circunstancias que, civilizadamente debimos ser la última. La primera línea debió ser la atención primaria de salud.

Que nuestros muertos no sean solo una estadística o un hecho histórico inevitable más, del cual se escribirán muchos libros, la mayoría de los cuales servirá solo para pisar papeles. Desastres naturales como un terremoto, huracanes, tornados, inundaciones etc. son inevitables e impredecibles. Una pandemia es predecible ¿Por qué iba a ser distinto en Chile? La Salud Pública y la Epidemiología por parte de la medicina moderna tienen, tenían y tendrán mucho que decir en tomar las medidas necesarias para mitigar los efectos de la pandemia, siempre y cuando se les considere en pos de la salud de la población, sin privilegiar otros intereses políticos y económicos por sobre la vida de la gente.

Cuando ves el reporte diario de cifras, es solo eso, números en televisión, como las cifras de la bolsa o algo así. Cuando eres familiar de un paciente, cuando eres el paciente, cuando eres uno de los deudos, desaparecen los porcentajes y el dolor se vuelve un todo. Cuando eres médico y aún sientes como hace una vida, cuando llegaste a un pueblo recién titulado, hay un momento donde conectas con todo, pasas a ser parte de todo y para bien o para mal, sientes todo. Ese día ocurrió a las 05:20. Te sientes mal, te mojas la cara Mi papá me dice que todo va a salir bien y bueno, sigo trabajando, hasta que llega el día y cambiamos turno.